Hemos de tener en cuenta ciertos factores al tratar posibles problemas con la alimentación. En determinados casos puede deberse a malos hábitos alimenticios adquiridos con anterioridad, a rechazo por novedad, a problemas derivados de su propio proceso psicológico o incluso a caprichos. No hay recetas mágicas para solucionar este tipo de problemáticas, a lo que hay que sumar que cada etapa evolutiva del niño o niña tiene sus propias variaciones, con lo que la regla principal es:
PACIENCIA y CONSULTA. Nuestro equipo de profesionales podrá orientarte tanto por las experiencias formativas como por el cúmulo práctico de nuestra actividad a lo largo de todos estos años. Las convivencias con otras familias en procesos de acogimiento es muy útil, así como los recursos prácticos que podrás encontrar en la red como orientación. orientación.
A modo de ejemplo, y abarcando todo tipo de edades, disponemos a continuación una serie de recomendaciones básicas para el tratamiento general de la alimentación en niños/as:
No obligar nunca a comer a un niño. Un adulto puede que se niegue a probar bocado por los dictados de la moda, pero a un crío aún no le pesan las normas sociales. Por tanto no se debe insistir en que el niño trague a toda costa.
¿Cuánta cantidad de comida es necesaria?. Cada persona, y un niño/a lo es, necesita un aporte calórico distinto, razón por la que la alimentación no puede tomarse como una ciencia exacta. Un niño de año y medio puede necesitar la misma cantidad que un bebé de nueve meses.
¿Seguro que no come nada?. Para la mayoría de los padres no comer nada significa que su hijo no engulle lo que ellos creen que necesita. Quizá si su medida fuera medio plato en vez de uno repleto hasta el borde cambiaría su percepción.
Cuando de verdad no comen. Las enfermedades y los celos provocan un rechazo a la comida que suele ser transitorio y una vez solucionado el problema regresa el apetito.
La rigidez en el planteamiento. Los padres suelen vivir la inapetencia como un agravio personal. Otros consideran un deber atiborrar a su hijo.
Frustración y un terrible sentimiento de no saber cumplir puede llegar a generar un problema para quienes la hora de la comida es un calvario.
Paciencia. Imagínese qué pensará el niño/a que de repente se ve atacado por aquellos en quienes confía, que insisten en cebarle cuando ya no le entra más y encima se enfadan y le gritan.
Verduras. El pequeño estómago de los niños admite pequeñas cantidades, o sea, muchas calorías en poco volumen. Las verduras contienen mucha fibra y escasas calorías, dependiendo de su edad no habrá que forzar a comer grandes cantidades de hortalizas y verduras.
Frutas. Con las frutas viene a suceder lo mismo que con las verduras. Si el crío las rechaza pruebe a darle una manzana a mordiscos o una pera en trocitos, por ejemplo.
Respetar el sueño. Algunos padres administran a sus hijos el biberón mientras duermen, cuando están despiertos puede que merme su apetito, cosa a tener en cuenta.
Chucherías. No utilizar en exceso ni como moneda de cambio, el consumo de las mismas sabemos que debe ser en pequeñas cantidades ya que afecta sensiblemente al apetito. No abusar, ni administrar a horas cercanas a las comidas.
La edad. Justo a los 12 meses se frena la velocidad de crecimiento y por tanto no precisan la misma cantidad de alimento. A partir de los cinco años aumentarán el gasto energético y las necesidades. También varía con cada niño/a.
Defensas infantiles. Los más pequeños se defienden ante la indigesta ofensiva paterna a base de hacer bola, escupir e incluso vomitar. Nunca se niegan por capricho. Evolutivamente los críos tienden a rechazar los sabores desconocidos por simple supervivencia.
Posibles alergias. La alergia puede provocar la negativa del niño a ingerir ciertos alimentos como la leche, el gluten, el huevo o cualquier otro incompatible con su inmaduro organismo. Por eso es conveniente no obligar a comer y consultar.
Estimulantes del apetito. Los tónicos estimulantes contienen psicofármacos que actúan sobre el centro cerebral del apetito y su efecto desaparece en cuanto se deja el medicamento. Poco aconsejables salvo que sean administrados por prescripción médica.
Estrategias. No guardar la comida para la cena. Ponerle en el plato sólo lo que suela tomar aunque sean tres cucharadas, si tiene hambre pedirá más. Evitar las peleas y los sobornos. En esto se debe tener mucha paciencia y dosis de ingenio.
Acostumbrarse a comer de todo. Obligarle a comer un determinado alimento es la mejor forma de lograr que lo odie para el resto de su vida. Si no se le fuerza acabará probándolo.
Comer solo. Un niño se puede negar a comer porque quiere meterse él mismo el alimento en la boca y no se lo permiten. Aunque se estire la hora del almuerzo y ponga todo perdido es preferible concederles cierta independencia.
Imaginación. Es muy útil utilizar la imaginación y realizar platos que despierten su interés. Seguro que podemos hacer una casa de gnomo con tomates y patatas, un pastel de espinacas con diferentes formas o verduras en forma de jardín. Hay muchas recetas imaginativas en Internet, consulta y verás que ayudarán con tu problema.
Y sobre todo, no dudes en consultarnos para cualquier asunto. En INFANIA estamos para que tu labor sea lo más fructífera posible.
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